Cómo revisamos un taladro de percusión de segunda antes de venderlo
Inducido, carbones, prueba de carga y calibración paso a paso
Un taladro de percusión usado llega al banco de trabajo con su propia historia: horas de obra, polvo de concreto en los conductos de ventilación, carbones a medio gastar y, casi siempre, un portabrocas que ha trabajado más de la cuenta. Antes de ponerlo en el catálogo, en nuestro taller de Lima lo desarmamos por completo. No hay atajos aquí: si no abrimos la carcasa, no sabemos qué estamos vendiendo.
Inspección del inducido y los rodamientos
Lo primero es mirar el inducido con luz directa. Buscamos delgas quemadas, aislamiento vencido o excentricidad en el colector. Un inducido con chispas excesivas al girar suele delatar carbones mal asentados o un bobinado ya castigado, y eso no se arregla con una limpieza. También revisamos los rodamientos: cualquier juego axial o ruido seco al girar a mano significa reemplazo, porque un rodamiento vencido termina dañando el eje y el soporte del portabrocas.
Carbones, estator y cableado
Los carbones gastados son lo más común en equipos de obra. Los medimos y, si están por debajo del mínimo, se cambian por un par nuevo del mismo grado. Después medimos la continuidad del estator para descartar cortes internos y revisamos el estado del cable de alimentación y del interruptor, dos piezas que en obra sufren tirones y polvo. Un cable pelado o un interruptor que no enclava bien son motivo de reemplazo inmediato, nunca de parche.
Prueba de carga real con broca de concreto
Con la máquina ya montada en el banco, hacemos una prueba de carga de veinte minutos perforando concreto con broca de widia. No basta con encenderla y escuchar el motor: hay que exigirle impacto y potencia sostenida. Durante la prueba medimos consumo eléctrico y temperatura en la carcasa. Si el motor se calienta de más o el impacto se pierde a los pocos minutos, el equipo no sale a la venta.
Calibración y ficha técnica
Al terminar, calibramos el portabrocas, limpiamos el sistema de ventilación y verificamos el selector de modo (rotación, percusión, percusión con giro). Solo entonces redactamos la ficha técnica: desgaste real de carbones, accesorios incluidos, observaciones del banco y garantía escrita de funcionamiento. Esa ficha acompaña al equipo cuando lo entregamos, porque un maestro de obra o un ebanista merece saber exactamente qué está comprando.
Si quieres ver el criterio con el que revisamos otros equipos del catálogo, tenemos una guía similar sobre amoladoras angulares de segunda. Y si tu taller necesita asesoría para elegir el modelo según el trabajo, puedes escribirnos desde la página de contacto.